2k es una compañía que ha crecido mucho en los últimos años. No solo nos ha obsequiado con joyas como Bioshock o The Darkness, sino que ha demostrado tener el pulso tomado a sagas deportivas como Top Spin o la que nos ocupa, NBA 2k.
Una temporada más
Con una base sólida desde hace ya varias temporadas en cuanto a jugabilidad, el salto a la nueva generación se centró en mejorar el apartado gráfico y en explotar una faceta fundamental: el juego online.
Desde la entrega de 2006 (o 2k6 que dirían ellos) la saga no ha hecho más que crecer temporada a temporada. El juego ha alcanzado un nivel notable en todos sus aspectos y resulta difícil encontrar un equilibrio entre mantener una fórmula de éxito asegurado e introducir las novedades suficientes para que las ventas no decaigan.
No se han añadido demasiados detalles para esta edición, pero es necesario comentar algunos de ellos.
Todo más fluido
Lo que más llama la atención de NBA 2k9 es la fluidez de movimiento con la que responden todos los personajes. Se ha eliminado algún fallo molesto de años anteriores y en esta ocasión prácticamente cualquier jugador actúa tal como quieres que lo haga.
También se ha cuidado especialmente la mecánica de tiro y las habilidades de cada jugador, siendo un fiel reflejo de la realidad. Cuando Pau Gasol reciba el balón cerca del poste o Paul Pierce salga de un bloqueo cerca de la línea de triples, sabes que responderá tal como lo haría en la realidad, tal como lo haría un superclase.
Todo esto se resume en que los puntos fuertes están más marcados que antes (ya sea el tiro exterior, la defensa, los regates….), pero también en que existe una enorme variedad de signatures, es decir, movimientos propios de cada jugador “marca de la casa” ya sea la forma de lanzar o un determinado ritual para la preparación de tiros libres.