El cálido mes de Agosto, sinónimo de vacaciones, sol y playa, suele ser una mala temporada para colocar novedades en el mercado de los videojuegos; las compañías, conscientes de esta tendencia, deciden posponer sus lanzamientos para el mercado navideño. Pero el mercado de la distribución digital parece ser un buen remedio contra este mal veraniego, Microsoft opta por crear el “Summer Of Arcade”, para promocionar así un gran lanzamiento cada semana: Geometry Wars: Retro Evolved 2, Castle Crashers, Bionic Commando Rearmed, Galaga Legions y, por supuesto, Braid.
Bienvenido a los juegos independientes
Jonathan Blow es el principal responsable del título que hoy nos ocupa, ayudado solo por David Hellman y Edmund McMillen en asuntos artísticos.
Alejado de los modelos habituales de la industria de los videojuegos, Braid opta por acercarse más al famoso cine independiente, o cine de autor, en el que el resultado final no está tan comprometido por las exigencias, presiones y limitaciones de las grandes empresas, sino que en última instancia se limita únicamente al deseo del creador.

Una vez comprendemos que Braid no es un título al uso cabe preguntarse ¿Es bueno en lo suyo? Podríamos señalar que ganó el premio a innovación en el diseño de videjugos en el Independent Game Festival 2006, aunque entonces se encontraba en una fase mucho más precaria que en la actualidad.
¿Qué es Braid?
Esta primera pregunta que siempre nos planteamos con cualquier novedad es aún más importante si cabe en este caso, ya que es necesario comprender lo que su creador nos propone. Braid es un juego que combina elementos de dos grandes géneros, plataformas y puzzles: por un lado tenemos enemigos sobre los que saltar, plantas carnívoras o castillos con su correspondiente bandera al final de cada fase, así como otros guiños al mayor exponente del género: Mario; pero todos estos elementos, aunque abundantes, son accesorios y tan solo buscan que resulte más sencillo acostumbrarse a la cambiante dinámica del juego, cuyo verdadero objetivo es conseguir las 60 piezas de puzzle escondidas a lo largo del juego.

Así pues podríamos definir a Braid como un juego de puzzle, que toma prestados elementos “plataformeros”.
Una vez definido el género y tal como habréis podido apreciar por las imágenes que acompañan a este texto, estamos ante un título en 2 dimensiones, con fondos preciosos imitando pinturas de acuarela, cuidados hasta el más mínimo detalle.
Ahora que ya tenemos enmarcado visual y temáticamente a nuestro sujeto de estudio es hora explicar qué es lo que lo convierte en algo especial: la jugabilidad. Su gran baza es poder controlar el tiempo, rebobinar o avanzar como si de una película se tratase.

No solo eso, sino el perfecto equilibrio para conseguir que la labor de recolectar las 60 piezas no resulte tediosa y que los mundos no sean idénticos entre si, aunque este apartado lo detallaremos más adelante.