Timeshift es la última incursión por parte de Sierra Entertaiment en el tan manido género de los fps subjetivos. ¿Qué tiene que lo hace diferente a los demás? Si quieres saberlo continúa leyendo nuestro análisis.
Un poquito de historia.
El juego que nos ocupa, es uno de esos raros casos, como ya sucediera con Perfect Dark 0, que no sólo ha pasado de consola en consola, si no también de distribuidor.
Inicialmente previsto para la primera Xbox, y distribuido por Atari, pasó como proyecto a la recién anunciada sucesora de Xbox debido a mútiples retrasos (se desconoce el por qué de los susodichos). La licencia por parte de Atari fue vendida a Sierra, por alargar en demasia lo que se venía fraguando como uno de esos eternos títulos anunciados, pero muertos antes de su salida.
Después del cambio de distribuidor, Saber Interactive, se ha ocupado de acabar lo que otros no supieron llevar a cabo. Por desgracia, tantos cambios, se han dejado notar en un producto final, que aún resultando interesante bien podría haber dado más de sí.

¿Trajes temporales?
El juego nos sitúa en el año 2010, en el que se están llevando acabo estudios sobre el continuo espacio tiempo, obteniendo como resultado 2 trajes con las increíbles capacidades de manejar el tiempo: alfa y beta.
El primero, se podría decir que es el primer prototipo más rústico y rudimentario pero funcional, y el segundo aunque más chulo y futurista aún se encuentra en fase de pruebas y presenta múltiples fallos.
En el equipo de investigación, se encuentra el malo Dr. Kron, que decide sin consultarselo a nadie coger el traje alpha, usarlo, y volar por los aires las instalaciones para borrar todo tipo de huellas. Con él viajará en el tiempo, dejándonos a nosotros el traje beta con el que conseguiremos escapar de la explosión y perseguir a nuestro malvado particular a un pasado alternativo (1939) para derrotarle y deshacer los entuertos hechos por el loco de turno para que la historia vuelva a seguir su cauce original.

La historia no es muy original, pero para un shooter tampoco es que haga falta demasiado. A lo largo del juego, se nos irá contando, o se pretende ir narrando a través de escenas de vídeo como se desarrolla ésta, pero descubriréis que su intento es más bien fallido porque al final, os quedaréis igual que al principio. Y es que estas escenas no están muy bien ligadas unas con otras y dejan notar que el juego ha pasado por múltiples fases de programación pues no se ha sabido llevar a buen término lo que podría haber tenido algo más de “chicha”.
Y es que en un principio el protagonista iba a ser una especie de Van Damme, versión científico, pero se ha quedado en el más absoluto de los anonimatos (aún me sigo preguntando quién diablos es nuestro protagonista).